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Presentamos nueva botella y nuevo diseño de etiqueta

La nueva Zaska Winner

 

Las inconsciencia es atrevida

Hasta Einstein tenía días buenos y días malos.

Nuestro maestro cervecero está lejos de Einstein en cualquier aspecto imaginable, así que la posibilidad de que tuviera días buenos no era remota.

Un día dijo que se apostaba lo que fuera a que podía mejorar aún más la fórmula de la Zaska. Estamos hartos de sus bravuconadas así que le hicimos la envolvente. Le retamos a conseguirlo en tres meses o era despedido.

Él, como era previsible, aceptó el reto diciendo, vale, pero no quiero interferencias. Si lo consigo me tenéis que doblar el sueldo y si no me iré con todo lo que sé. No se hable más, dijimos, era una oportunidad magnífica para quitárnoslo de encima y, aunque sabe mucho, la comunicación interpersonal no es su fuerte, como queda evidenciado.

 

Una apuesta que no augura nada bueno

Lo encerramos en una sala con todo el equipo y el material que él consideró necesario, una cama, un baño, un transistor y conservas en abundancia. Cerramos por fuera y le pusimos una campanilla para avisar cuando tuviera la fórmula.

Pasaban los días y no oíamos nada y la verdad es que estábamos barajando la posibilidad de entrar a recoger su cadáver, pero ni su familia había preguntado por él en todos este tiempo, así que no había prisa.

Pero una mañana, a los tres meses, cuando ya ni nos acordábamos de él, por sorpresa, sonó la campanilla. Qué susto. Será el viento, dijo alguien, pero no, no hacía corriente. Así que cogimos un lanzallamas, por lo que pudiera haber dentro, y nos decidimos a entrar y acabar con esta desafortunada apuesta.

El cuarto que le pusimos
A la altura del reto

El resultado

Cuando abrimos la puerta, un tipo con greñas que recordaba lejanamente a nuestro maestro cervecero, estaba de pie, en silencio, con una copa de cerveza, mirándonos fijamente, en silencio, con los ojos vidriosos, inmóvil. Su aspecto era deplorable, pero eso no era una novedad. Lo tocamos con un palo y pestañeó. Estaba vivo.

Nos dio a probar. Nos acojonamos. Nos dimos codazos entre nosotros pero nadie se atrevía. Al final, empujamos al becario. Le dio un primer trago, le dio un segundo, y tras el tercero su rostro se transmutó. Nos pasó la copa que, ahora sí, fuimos probando por turnos.

El mangurrián del maestro había conseguido mejorar la fórmula de Néctor Remachieri, una hazaña a la altura de la conquista del espacio, teniendo en cuenta las dimensiones del cuarto, el poco hueco que tenía para mejorar una receta optimizada a lo largo de siglos y sus propias limitaciones como persona. El resultado era mayestático.

Explotamos en gozo y algarabía, y hasta nos atrevimos a darle abrazos al maestro cervecero sin temor a contagiarnos de nada. Nos bebimos unas cuantas copas y nos las prometimos felices. 

 

 

Nuestro maestro cervecero

De visita en otra fábrica, a punto de caerse a un antiguo fermentador industrial. 

La típica resistencia organizacional

Y llegó un momento en que le dijimos, bueno, y cómo lo has conseguido. Entonces el maestro nos detalló entrecortadamente el laborioso procedimiento y la cantidad y calidad de las materias primas empleadas.  

Nuestro gerente por poco se desmaya. Un cuarto de hora antes le daba por muerto y esperaba ahorrarse un sueldo y el finiquito. Y ahora tendría que doblarle el sueldo y aumentar radicalmente los costes de producción, cosa que produce alergia a todos los gerentes del mundo. No lo decía, pero en su interior hubiera preferido estar en ese momento dando explicaciones a la policía delante de un fiambre que tocar un euro del presupuesto. Se hizo un silencio abismal.

En ese momento el de marketing salió conque el retorno esperado de la inversión iba a producir unos rendimientos sobre el activo circulante que compensarían a medio plazo el diferencial de coste y aportarían beneficios marginales crecientes.

El de marketing siempre aprovecha para demostrar que es el único que tiene estudios, pero nuestro gerente, no se tragó el cuento. Después de un tenso tira y afloja aceptó hacer una edición limitada a ver qué pasa y ya veríamos. Pero esto es cosa tuya, le dijo al de marketing, si no sale, te la juegas. 

  

El 'concepto' Zaska Winner

Justo esa frase le dio una idea al de marketing, que es un cansino inventando. 

Dado que a fin de cuentas el maestro cervecero había ganado la apuesta contra todo pronóstico, el de marketing propuso llamarla Zaska Winner y, como su producción era costosa, hasta que llegaran los beneficios marginales esos que decía, tendría que distribuirse según estos principios:

  • Exclusiva para los que fueran winner de algo (por lo de la apuesta)
  • Edición limitada (como nuestro maestro cervecero)
  • Precio irracional (como nuestro gerente)

Con estos planteamientos, se sacó de la manga este concurso (Esto aún está pendiente pero seguro que te acordarás de volver por aquí periódicamente, una vez al día es suficiente, para ver si puedes participar).

 

Postdata: Nuestro maestro cervecero aún no responde por su nombre, dice que ve cosas que aparentemente no están y canta Son tus perjúmenes mujer todo el rato, pero va mejorando, gracias.